HUMBERTO HOLGUIN GARCÍA

1933 – 2017

olguinHijo del Colegio Americano. Realizó muchas labores dentro de esta institución, desde docente de geometría y dibujo hasta desempeñarse como secretario general de la institución; por sus grandes habilidades en lo artístico, se encargó de la oficina de publicaciones por muchos años. Con un gran talento en el manejo de la letra imprenta a mano, marcó por muchos años los diplomas de los graduandos con sus nombres, demostrando así, su fina expresión a través del manejo de las letras y el arte, y muy recordado por sus estudiantes por su exactitud en el trazado de líneas.

Un hombre jocoso, amable, ecuánime, excelente compañero y un gran maestro.

Hoy ya no está con nosotros, pero dejó una huella imborrable en todos los que fueron sus estudiantes y amigos y tuvieron la dicha de compartir con él momentos en nuestro claustro y fuera de él.  Además, el recuerdo de ser una persona honesta, con muchos principios y siempre respetuosa, con una actitud muy positiva ante las dificultades.

Palabras de un Estudiante a su Maestro

Homenaje del  Egresado Americanista Frank Zarate – Promoción 1975 al Profesor Humberto Holguín García..

Precisamente el profesor Holguín fue un estupendo enlace generacional. Su voluntad para la comprensión de las inquietudes de los jóvenes marcó un hito en quiénes tuvimos la fortuna de ser testigos de su naturaleza serena y comprensiva.

Debió haber sido un padre excepcional en tiempos en que la educación tenía todavía muchos factores de represión.

De alguna manera el hombre iba unos pasos adelantado en la senda esa que del respeto conduce a la confianza.

Su cargo posterior como secretario general del Colegio le sumó en sus nuevas responsabilidades administrativas la facultad de participar y terciar en esas dificultades pecuniarias que solían tener los padres de familia a la hora de cumplir con los compromisos de pensiones y matrículas.

Nuestra familia fue agradecida destinataria de ese rol incómodo para el dedicado maestro y amable amigo Humberto Holguín.

Su carácter y temperamento especialmente reposado y tranquilo, lo transformó en un afortunado enlace entre nuestras travesuras y con las rigurosas disposiciones rectorales y de otros maestros.

Cuando terminamos el bachillerato debió andar por la ruta entre 35 a 38 años y debió tener ya hijos entre los 8 y 10 años.

De tal manera que su larguísimo y fructífero camino de devoción por la educación debió haber llegado a un punto de edad cronológica entre los 77 y 80 años.

Un tiempo maravilloso del cual tuvimos la estupenda suerte de formar parte y fuimos protagonistas de primera mano.

Somos pues testigos de una historia de ligazón, compromiso y entrega.

Es por esa suma de razones que sentimos un peso fuerte en el corazón cuando alguien tan valioso parte.

Valioso para su familia, por su ejemplo durante el largo recorrido institucional en nuestro amado colegio, por su largo brazo tendido siempre hacia la generosidad y por su gran química de pensamiento y actitud con los jóvenes.

Nuestra desazón tiene pues, un gigantesco ingrediente de orgullo y satisfacción por haber conocido y haber sido parte de la historia de un hombre que se va después de haber cumplido voluntariamente y a cabalidad con el deber de su tarea.

vaya con Dios, maestro.

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